Tesla, la prominente compañía de vehículos eléctricos de Elon Musk, continúa su racha negativa, registrando por segundo trimestre consecutivo una baja en sus ingresos y beneficios. Entre abril y junio de este año, la firma reportó ingresos de 22.500 millones de dólares, una cifra inferior a las expectativas del mercado, y una caída del 16% en su beneficio neto en comparación con el mismo periodo del año anterior. Estas cifras se suman a una reducción del 14% en las entregas de vehículos a principios de julio.

El panorama desafiante que enfrenta Tesla se atribuye a una combinación de factores. Por un lado, la creciente competencia en el mercado de vehículos eléctricos y una gama de productos que no logra captar plenamente la demanda. Por otro, un elemento crucial es la crisis de marca generada por la acentuada implicación política de su CEO, Elon Musk.
El empresario ha estado estrechamente vinculado a la campaña del expresidente de EE. UU., Donald Trump, a la que contribuyó con una cifra sin precedentes de más de 260 millones de dólares. Además, Musk tuvo un papel en la administración de Trump al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), donde impulsó despidos masivos y desmanteló regulaciones. A estas acciones se suman sus actitudes y declaraciones controvertidas, cercanas a la extrema derecha, y lo que algunos interpretaron como un posible saludo nazi, que han impactado negativamente su imagen pública. Según analistas, esta activa participación y sus posturas han mermado la reputación de sus diversas marcas, siendo Tesla una de las más afectadas.
A estos desafíos se suman la tibia recepción de la Cybertruck y el aparente desvío del enfoque de Musk hacia la tecnología de conducción autónoma y los robotaxis, en detrimento del negocio principal de la fabricación de automóviles eléctricos. Cabe recordar que el primer trimestre del año ya había sido complicado para la empresa, con un beneficio reducido en un 71%. A pesar de que Musk había insinuado una disminución de su rol en Washington, su interés por influir en la capital estadounidense persistió, lo que incluso lo llevó a un “divorcio” público con Trump tras ciertas críticas sobre una reforma fiscal.